La más habitual y extendida violación de derechos humanos alcanza a un tercio de la población femenina, pero esa 'galería del horror' no ha logrado ocultar la esperanza de justicia que alimentan conjuntamente AI y las organizaciones de mujeres

Está en nuestras manos,pongamos fin a la violencia contra las mujeres. Video realizado para el lanzamiento de la campaña de AI contra la violencia contra las mujeres © Amnesty International

La violencia contra las mujeres y niñas es la violación de derechos humanos más habitual y extendida: a lo largo de su vida, una de cada tres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos. Un auténtica vergüenza mundial y un inmenso escándalo en materia de derechos humanos al que Amnistía Internacional ha dado respuesta desde 2004 con su Campaña para Combatir la Violencia contra las Mujeres, la primera iniciativa temática global de larga duración. Concluida el 8 de marzo de 2010, la campaña ha sido sometida a revisión externa independiente para seguir trabajando en ese ámbito con mayor eficacia y la mejor coordinación posible con las organizaciones de mujeres.

Inés y Valentina fueron violadas por miembros del ejército mexicano en 2002, todavía esperan justicia © AI 2011

Mucho se está avanzando para sacar a la luz pública esa violencia que sus autores tratan con frecuencia de esconder en el ámbito privado para asegurarse su propia impunidad. Pero persiste una gran invisibilidad que permite a gobiernos, instituciones, comunidades y particulares esquivar sus responsabilidades para acabar con esa lacra que, más allá de las formas de materializarse, comparte la raíz común de la discriminación contra las mujeres por el simple hecho de serlo.

Violencia sexual contra las mujeres indígenas en Estados Unidos. Video realizado para el lanzamiento del informe Laberinto de injusticia. Falta de protección de las mujeres indígenas frente a la violencia sexual en Estados Unidos © Amnesty International 2007

Por debajo de la punta del iceberg que registra estadísticamente solo una pequeña parte de esa dramática realidad –muchas víctimas no denuncian por escepticismo ante la justicia o por temor a más violencia–, subyacen múltiples abusos contra la población femenina que también son violencia, tanto por omisión en el ámbito personal –privación de necesidades básicas y desatención–, como por el maltrato estructural que se deriva de una organización socioeconómica  adversa para la población femenina. No es casualidad que más del 70% de personas que viven en la pobreza sean mujeres. Ni el medio millón de muertes femeninas anuales por complicaciones del embarazo y el parto, que deja a un millón de niñas y niños huérfanos de madre.

Las mujeres de Kibera en Kenia © Amnistía Internacional 2009

Los datos recopilados por AI son terribles. Según la Organización Mundial de la Salud, el 70% de las mujeres asesinadas en el mundo lo son por sus parejas o exparejas; y esos crímenes son la principal causa de muerte y discapacidad entre las mujeres de 16 a 44 años. Más incluso que a funcionarios u otros agentes del Estado, su autoría corresponde sobre todo a particulares, sean esposos o compañeros, familiares, médicos, líderes religiosos, jefes o un largo etcétera. En cuanto a sus espacios, el entorno familiar y el hogar componen el escenario más habitual y, a la vez, el de mayor impunidad. Como dice Amnistía, un auténtico “lugar de sufrimiento donde reciben maltrato, tortura e incluso la muerte”, y donde, además, “muchas niñas sufren abusos sexuales, mutilación genital y otras prácticas tradicionales lesivas para las mujeres”.

Un año después del terremoto, los campamentos de desplazados que se levantaron provisionalmente se han convertido en una trampa para las mujeres y niñas que viven en ellos. La amenaza de violencia sexual está presente en todos los rincones.© Amnistía Internacional 2011

La sombra de las violencias contra ellas es muy, muy alargada: matrimonios forzados, brutales castigos por desobediencia familiar, violaciones y  abusos sexuales en su comunidad, acoso sexual en el trabajo y en centros educativos, trata de mujeres, prostitución forzada, trabajo forzado, abusos en el trabajo doméstico, estigmatización y ataques –incluidas violaciones “para corregir su desviación” por encargo de sus propias familias– a lesbianas…

A todo ello se añade la violencia contra colectivos femeninos en situación de mayor vulnerabilidad, como la violación y tortura por agentes del Estado a mujeres bajo custodia policial o en prisión; como las esterilizaciones forzosas a mujeres de minorías étnicas, o como la discriminación y abusos sexuales contra mujeres migrantes por policías, guardias fronterizos o funcionarios de inmigración. Y sin olvidar, en tiempos de guerra, a las mujeres y niñas convertidas en objetivo militar y que siempre son las principales víctimas de exilio forzoso y desplazamientos internos.

Testimonios

Testimonio de Ascensión M. Anguita © Amnistía Internacional 2009200

Este retrato general tiene, además, escenarios identificables –tanto en el mundo en desarrollo como en el desarrollado–, rostros y nombres concretos, cuerpos y almas destrozadas. Como el de la víctima española de violencia de género Ascensión M. Anguita, atropellada y apuñalada por su exmarido en 2000 y que tardó casi diez años en cobrar íntegramente la indemnización fijada por el juez. Solo pudo conseguirlo tras comunicar a las autoridades que había contado su caso a AI, que lo difundió a los cuatro vientos con una entrevista en la que ella confesaba su sentimiento de abandono –”me dejaron sola en casa en una silla de ruedas con dos niñas de 11 y 14 años que me tenían que dar de comer, limpiarme y lavarme”–, su indefensión total –“me tengo que esconder y defender yo, incluso la policía me ha dicho que no tiene medios”– y su absoluta impotencia: “Muchas palabritas, muchas palabritas, pero a la hora de la verdad…” Quiero que alguien eche una mano para que otras personas que han pasado por lo mismo que yo no se encuentren en la misma situación”.

Prohibición total del aborto en Nicaragua © Amnesty International 2009

Y eso, en un país como España que en 2005 se situó en primera fila mundial con la Ley Integral contra la Violencia de Género, pero que, como acaba de pedir AI al próximo Gobierno Rajoy, “no puede bajar la guardia” en la lucha contra esa lacra social que se ha cobrado ya 55 vidas femeninas este año. Hay escenarios aún más inquietantes, alerta Amnistía, como Colombia, donde las mujeres y niñas “vienen siendo objeto de una violencia sexual generalizada y sistemática desde todas las partes” –paramilitares, fuerzas de seguridad y guerrilla– de su “largo conflicto armado”, o como Nicaragua, donde la mayoría de víctimas de las violaciones y abusos sexuales generalizados son niñas.

Vidas destrozadas, República Democrática del Congo. Video producido para el lanzamiento del informe Violación masiva, tiempo de soluciones © Amnesty International 2004

Sobran testimonios espeluznantes en el retrato mundial de la violencia contra las mujeres, que ha dibujado perfiles especialmente inhumanos en la República Democrática del Congo (RDC) y Bosnia y Herzegovina. Durante la guerra de 1992-1995 en este territorio exyugoslavo, miles de mujeres y niñas fueron violadas brutalmente; muchas fueron recluidas en campos penitenciarios, hoteles y viviendas particulares para ser sometidas a explotación sexual, y en numerosos casos acabaron siendo asesinadas. Y la RDC no se quedó atrás en esa ‘galería del horror’, sobre todo en la provincia del Kivu Septentrional, donde, como denunció AI en su informe “Guerra sin fin contra las mujeres y los menores”, grupos armados y fuerzas de seguridad rivalizaron –antes y después del acuerdo de paz de 2008– en violaciones y otros abusos sexuales de “niñas y niños de muy corta edad y ancianas“, que sufrieron violaciones repetidas o colectivas, violaciones en público o delante de familiares, secuestros para ser utilizadas como esclavas sexuales y auténticas violaciones como arma de guerra para aterrorizar a comunidades consideradas ‘enemigas’.

Miranda Sidran-Kamišalić, Ambassador of Bosnia and Herzegovina, holds a box containing a petition with 18464 signatures, collected by AI Netherlands, in the Bosnian embassy, Netherlands, June 2010.

Y aun así, gracias a campañas como la iniciada por AI en 2009 en Bosnia y Herzegovina, la esperanza de justicia sigue viva. Junto a supervivientes y organizaciones de mujeres, activistas y seguidores de Amnistía han logrado concienciar a responsables nacionales e internacionales para aplicar leyes y estrategias que han permitido procesar a varios criminales de guerra bosnios. En cuanto a la República Democrática del Congo, AI sigue reclamando que se aceleren las reformas judiciales para que las condenas por crímenes de lesa humanidad (nueve oficiales recibieron penas de 10 a 20 años de prisión en febrero por el ataque a un pueblo donde fueron violadas más de 35 mujeres) dejen de ser una excepción tras décadas de impunidad para tales crímenes.

 

 

 

 

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Esta entrada tiene 2 comentarios.

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  1. Antonio Suárez
    09 dic 11 19:05

    De acuerdo con el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados cono están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, no se concibe, que en pleno siglo XXI, la violencia contra las mujeres y las niñas -a manos de sus parejas o ex parejas, víctimas de trata de personas, blanco de violecia sexual, sometidas a mutilación genital, matrimonios forzosos, etc. etc.-es probablemente la violación de los derechos humanos más habitual y que afecta a un mayor número de personas.
    A pesar de importantes avances, realizados por grupos de mujeres, y distintas organizaciones, para combatir dicha violencia, en algunas zonas del mundo, aún existen leyes y políticas abiertamente discriminatorias. Todos tenemos que seguir luchando por conseguir la desaparición de esta lacra, que convive con nosotros.

  2. MARY ROBERTO
    09 dic 11 17:00

    SOMOS NOSOTRAS LAS MUJERES , LAS PRIMERAS QUE NOS VIOLENTAMOS A NOSOTRAS MISMAS, POR FALTA DE AMOR PROPIO,CUANDO DESDE EL VIENTRE MATERNO , NO SE NOS DA NI ENSEÑA EL RESPETO Y EL GRAN VALOR NUESTRO…. LUEGO NO SABREMOS EXIGIRLO !!!!!