Condenado a casi 11 años de cárcel, el disidente Wolfgang Welsch logró su excarcelación tras ser adoptado por el grupo de Leeds de AI

Imágenes de la caída del muro de Berlín © ITNSource

Carta enviada por el grupo de AI Leeds notificando la puesta en libertad de Welsch. © AI

Con gran alegría, informamos de que el preso de Alemania Oriental que habíamos adoptado, Wolfgang Welsch, ha sido puesto en libertad. (…) Nuestro grupo quisiera adoptar ahora a otro preso”. Estas líneas escritas en 1971 por el grupo de Leeds de Amnistía Internacional resumen bien el espíritu solidario y luchador de la organización de derechos humanos y la eficacia de su trabajo en todo el mundo, incluida aquella República Democrática Alemana (RDA) que emergió tras consumarse en 1949 la partición germana.

El caso del poeta y actor Welsch es una de las historias de éxito que marcan el 50º aniversario de AI. Encarcelado con apenas 20 años en 1964 tras intentar emigrar ilegalmente del país, su pena inicial de año y medio de prisión se alargaría hasta casi 11 años con dos nuevas condenas en 1966-67 por severa “incitación hostil” contra el Estado, un difuso cargo penal que pretendía perseguir cualquier intento opositor de “dañar el orden socialista”. Amnistía, que considera presos de conciencia a los condenados por ejercer un derecho humano básico como la libertad de movimiento, recordaría también que Welsch se limitó a expresar sus discrepantes opiniones por vías artísticas como la poesía o un documental cinematográfico.

Mensaje secreto enviado por Welsch a AI en Alemania Occidental. © AI

El actor y poeta disidente había llamado la atención de la organización de derechos humanos con un mensaje escrito en papel de fumar que un antiguo preso logró sacar de la cárcel y entregar a un activista de AI en Alemania Occidental. Aquella carta enviada desde su “asquerosa celda de la muerte” de 1,2 por 3,5 metros, donde permanecía recluido en régimen de aislamiento, en “penumbra, sin sol ni apenas aire”, contaba que aquellas “inhumanas condiciones” habían hecho mella en su salud -”escupo sangre, me desmayo y estoy quedándome sin fuerzas”- hasta “amenazar seriamente mi vida”.

Ya había sufrido dos graves crisis nerviosas por el largo encarcelamiento y las “torturas mentales” del Servicio de Seguridad del Estado, empeñado en que renegara de sus opiniones y admitiera como legal aquella injusticia de la que era víctima. “Nunca lo haré”, remarcaba Welsch, porque “a causa de mis convicciones políticas, que yo quería expresar públicamente por medios artísticos, he sido encarcelado en contra de todas las leyes internacionales“. Y concluía con un doble grito de “¡ayuda!”, “¡sálvenme la vida!”.

Wolfgang Welsch © Private

Aquella desgarradora petición acabó en manos del grupo de Leeds de AI, que adoptó al preso de conciencia y empezó a escribir a las autoridades germano-orientales. Al principio no tuvo respuesta, pero después, con la colaboración de un abogado de Alemania Occidental que canalizó y reforzó las presiones al Gobierno de la RDA, llegaron los resultados: la madre de Welsch fue autorizada por primera vez a visitarlo, y él fue finalmente liberado el 24 de marzo de 1971. El poeta y actor no dudó en agradecer los apoyos recibidos, tanto verbalmente a Amnistía, como con su propio compromiso personal y político, ya que siguió ayudando a cruzar al lado occidental a decenas de personas. Y sacó tiempo para contar su experiencia carcelaria en una obra, “Yo fui enemigo público número 1”, que fue éxito de ventas en Alemania.

Artículo en el Yorkshire Post publicado en 1970 sobre el trabajo de AI Leeds en favor de Welsch

Era el final feliz de una historia marcada por las violaciones de derechos humanos y por la determinación de Amnistía de denunciarlas y combatirlas. Desde su nacimiento, la organización incluyó a los presos de conciencia de la RDA entre sus preocupaciones y acciones. En 1968-69, un par de años después de publicar su informe sobre “Condiciones penitenciarias en Alemania Oriental”, los grupos de AI habían adoptado a 70 de ellos, que se duplicaron en 1976-77.

Artículo en el periódico Evening Post de Leeds sobre la liberación de Welsch, 30 de abril de 1971

Nunca faltaron en aquella época motivos de inquietud en materia de derechos humanos, dada la férrea represión gubernamental de cualquier disidencia

-política, religiosa o cultural-, la censura de prensa total, el riguroso control de fronteras –reforzado en 1961 con el Muro de Berlín- y las severas restricciones a las libertades de asociación, expresión y movimiento. De hecho, este último capítulo añadió muchos nombres a la lista de presos de conciencia de Amnistía, habitualmente tras su detención, condena y encarcelamiento por intentar cruzar a Alemania Occidental.

El escenario carcelario de aquellos años en la RDA era muy duro, con prisiones masificadas, mezcla de presos políticos y delincuentes comunes –a los que se animaba a espiar y denunciar a aquellos-, trabajo obligatorio mal remunerado, insuficientes medidas de seguridad, atención médica deficiente, presencia de “reeducadores” oficiales, castigos y represalias de todo tipo. Y aunque hubo importantes mejoras con el paso de los años, los avances y retrocesos estuvieron marcados sobre todo por cuestiones tan variables como la viabilidad económica del Estado –el trato empeoraba en períodos de crisis y tensión-, la línea política más o menos dura o flexible del momento o los estados de ánimo de guardias y autoridades carcelarias. Lo único constante en las políticas oficiales, como se apuntaba desde AI en 1966, fue la actitud descalificadora contra los presos políticos, “automáticamente igualados –y tratados como tales- con el peor de los criminales y asesinos”.

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Esta entrada tiene 8 comentarios.

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  1. Eagle
    13 nov 11 4:09

    Time to face the music armed with this great inrfomaiotn.

  2. Lanette
    13 nov 11 4:00

    IJWTS wow! Why can’t I think of tghins like that?

  3. Butch
    11 nov 11 10:20

    If I cmomuncieatd I could thank you enough for this, I’d be lying.

  4. cuando uno entiende que cárcel y libertad son tan antagónicos como poesía y cárcel, el asunto de la escritura, como el de la vida, el asunto de la vida como el de la libertad, se transforman en una inseparable condición de lucha y resistencia que pasa por las fases de enmudecimiento, dolor, palabra y acción, no necesariamente por ese orden. Vivimos sin exterior, me comentaba hace poco uno de los más vitales y necesarios poetas que he conocido. Y el interior no es seguro, es una cárcel, a la que la poesía como cuchara contra pared, viene agrietando por todos los huecos que puede, hasta el agotamiento. Es cuestión, una vez más de vida o muerte, de asfixia o respiración…

  5. Carlina Caballero Andrade
    11 nov 11 4:14

    Que grande valor!! y muy gratificante saber que haya tenido un final feliz .Este episodio nos da mucho animo para continuar adelante en la lucha por la defensa de los derechos humanos ,y al mismo tiempo nos da luces de esperanza para lograr que este mundo cambie para bien
    Felicitacione siempre AI y a Wolfgang Welsch una inmensa admiracion por esa alma de poeta ,y muchas felicitaciones por su Coraje y Valentia

  6. Toni Suárez
    07 nov 11 20:11

    Como miembro de Amnistía Internacional, aunque por mi edad un poco avanzada, no lo veré, tengo una gran confianza -tenemos el ejemplo del disidente Wolfgang-, que llegue un día, en el que todos los países estén convencidos, y lleven a la práctica, el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Ánimo a todas las personas que se preocupan por la defensa de los derechos humanos.

  7. María M. B.
    07 nov 11 19:06

    Terrible. Así me parece que es la condición humana. No logro tragar saliva cuando veo que algunos individuos están identificados dentro del grupo intrínseco que formamos los seres humanos. Es abominable comprobar como un ser puede maltratar a otro ser sin más escrúpulos que el que pueda provocar la suciedad de sus propias manos por tener que atender a seres más débiles que él. Y desde luego se es débil dentro de cuatro paredes, sometido a la voluntad del más fuerte. Por fortuna la mente no conoce cárcel alguna, no está sometida a la tiranía de nadie por lo que las ideas vuelan libres a merced sólo del que las guarda en su mente. Creo que los hombres y mujeres que soportan el maltrato y encierro por sus ideas, logran salir y renacer de nuevo gracias a la fuerza de los principios que los sostienen. Espero que este hombre consiga la paz y la serenidad necesaria para perdonar, al menos para tomar distancia mental, de lo contrario el resto de años de vida que le queden estarán tiranizados por el recuerdo maldito de su encarcelamiento. Le deseo fuerzas y mucha voluntad para seguir queriendo y creyendo en los mismos de su especie, los seres humanos. Una buena regla para sanar el alma enferma y ocupar los espacios de una mente llena de recuerdos negros es tratar de nutrirse de su gente, de aquellos seres que le quieren, de ese café compartido con un recuerdo amable, de esa imagen que le llega ese día soleado desde cualquier ventana. Viva sólo por y para el único día de su vida que tiene valor, hoy. Hoy es un gran y hermoso día que caducará cuando cierre los ojos y se deje mecer por la no voluntad de la mente. Mañana llegará con momentos vividos que querrá atesorar y serán esos momentos buenos los únicos que no debe olvidar.
    Animo Wolfgang Welsch

  8. Me alegro mucho que este poeta y actor haya sido
    liberado, porque no creo que haya hecho nada malo
    por escribir la palabra libertad, creo que toda persona tiene derecho a ser libre y por eso no se puede encarcelar a nadie es un derecho que tenemos las personas humanas.