La última campaña global de AI defiende los derechos humanos como herramienta clave para erradicar la miseria y asegurar el acceso a la educación, salud, agua o vivienda

 

“Exige Dignidad”. Estas dos palabras, que dan nombre a la última gran campaña global de Amnistía Internacional, resumen bien el doble trasfondo que la inspira. Por una parte, reivindica el respeto a los derechos humanos para romper el círculo de la pobreza. Por otra, subraya que esta tiene responsables que deberían rendir cuentas por ello.

Esta demanda será más fácil tras la aprobación por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 2008, del Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), que establece un mecanismo para garantizar justicia en el ámbito internacional a quienes vean violados tales derechos y no puedan denunciarlo ni reclamar ante su jurisdicción nacional. Firmado por 39 países y ratificado por cinco (Ecuador, Mongolia y España en 2010 y El Salvador y Argentina en este 2011, a los que pronto se sumará Bolivia), entrará en vigor tres meses después de que lo ratifiquen diez. Una Coalición Internacional de ONG de la que forma parte Amnistía hace campaña en todo el mundo para alcanzar ese objetivo.

AI no se cansa de repetir que los abusos contra los derechos humanos causan, agravan y perpetúan la pobreza. Y también recalca que, vista la cuestión a la inversa, vivir en la miseria aumenta el riesgo de sufrir violaciones de esos derechos. De ahí su insistencia en la necesidad de  asegurarlos a toda la población y de garantizar la plena participación social de las personas en situación más vulnerable para que puedan ser dueñas de su presente y futuro.

Como apuntaba el director de la Sección Española de AI, Esteban Beltrán, al presentar en abril el informe “Derechos a la intemperie. Dificultades para hacer valer los derechos económicos, sociales y culturales en España”, los derechos a una vivienda digna, a la salud, a la educación o al agua “no son inferiores a otros derechos humanos”. Sin embargo, denunciaba, “su fuerza legal se ve reducida cuando son regulados con menores garantías y mecanismos para reclamarlos”. Por eso, ante la reforma constitucional pactada en agosto por los Partidos Socialista y Popular, AI-España sugería recoger derechos como el de salud o vivienda en el capítulo de derechos fundamentales de la Carta Magna, lo que permitiría exigirlos ante la justicia cuando son vulnerados.

Y lo son. En muchos países, y también en España. Por ejemplo, cuando hay desalojos forzosos sin protección legal ni otras garantías (AI ha documentado casos en la Cañada Real Galiana madrileña y el distrito barcelonés de Sant Martí), que el derecho internacional prohíbe y considera violaciones de los derechos humanos. En cuatro años de crisis se han iniciado más de 270.000 ejecuciones hipotecarias, lo que ha agravado una situación que ya tenía perfiles inquietantes como el millón y medio de infraviviendas o las 38.000 personas sin hogar. En cuanto al ámbito sanitario, hay déficits de cobertura en el sistema público (entre 90.000 y 180.000 españoles carecen de ella por no haber trabajado ni recibido prestaciones de desempleo), mientras se quedan especialmente cortos los recursos en la atención de salud mental, donde la escasez de especialistas (6,1 psiquiatras por 100.000 habitantes) complica el diagnóstico precoz y los tratamientos eficaces.

 

En todo el mundo, advierte Amnistía, los derechos económicos, sociales y culturales protegidos por el PIDESC (a la alimentación, al agua, a la salud, a la seguridad social, a una vivienda adecuada, a la educación, a la no discriminación, a la protección de la familia, al trabajo y a unas condiciones laborales justas) son negados a diario a un número ingente de personas. Los gobiernos incumplen así su obligación de respetarlos y promoverlos, un deber que emana del derecho internacional y que alcanza también a organismos multilaterales y a empresas. En ese contexto, remacha AI, el Protocolo Facultativo apuntala el derecho a un recurso efectivo para las víctimas de violaciones de todos los derechos humanos y marca una de las primeras victorias de la campaña “Exige Dignidad”.

Pero el reto es inmenso, como inmensas son las asignaturas pendientes en un ámbito en el que la pobreza sigue creciendo –la actual crisis ha añadido 100 millones de personas a la lista- y agravando la situación de derechos humanos. Es un auténtico círculo vicioso en el que la miseria favorece la indefensión de los sectores más vulnerables, como las mujeres que ven negada la atención de salud materna, sexual y reproductiva; como las personas de asentamientos precarios que no tienen acceso al agua y los servicios sanitarios, o como las niñas y niños de grupos minoritarios que quedan al margen del sistema educativo.

 

Amnistía Internacional considera que la magnitud de tales desafíos hace aún más necesario situar a los derechos humanos como referencia, como herramienta clave para combatir la pobreza y convertir a quienes ahora la sufren en protagonistas de su destino. Como subrayaba hace un año en su informe “Que nuestros derechos sean ley. Por el respaldo jurídico de los derechos económicos, sociales y culturales”, tan cierto es que muchos “gobiernos no han hecho más que cumplir de boquilla las obligaciones contraídas”, como que “los tribunales pueden lograr cambios”. Y cita ejemplos en la India, donde el Supremo ordenó garantizar un programa de almuerzos escolares para evitar la malnutrición crónica, y en Sudáfrica, donde el Constitucional obligó al gobierno a facilitar en la sanidad pública un medicamento para prevenir la transmisión materno-infantil del VIH.

Aunque todavía son bastantes los gobiernos reticentes a aceptar como jurídicamente exigibles los DESC, Amnistía dibujó un escenario esperanzador, con “un número cada vez mayor de países, como Alemania, Argentina, Colombia, Egipto, Indonesia, Letonia y Sudáfrica” que los han incorporado a su legislación. Además, remachaba el informe, “sistemas regionales de derechos humanos como los establecidos por la Organización de Estados Americanos, la Unión Africana y el Consejo de Europa, cuentan con mecanismos de denuncia que pueden ofrecer vías de recurso por violaciones de algunos de estos derechos”. Un buen argumento para seguir “exigiendo dignidad”, porque, como recalca AI, la pobreza no es inevitable, y tiene responsables que deben rendir cuentas.

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Esta entrada tiene 3 comentarios.

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  1. María M. B.
    15 nov 11 19:58

    Vergonzoso es saber que en este planeta tenemos que seguir reclamando los derechos humanos de tantas personas sometidas por las violaciones continuas. No sé hacia donde vamos, sólo sé que es imprescindible que peleemos todos juntos y por separado en pos de una igualdad para todos los seres humanos. Creo con rotundidad que lo conseguiremos. El orden social ha cambiado en muchas ocasiones por el impulso que las personas hemos dado a una reivindicación, a un movimiento, a un propósito de bienestar general para todos. Todos significa TODOS. Hagamos un movimiento solidario por y para las personas que lo necesitan. Sólo es necesario querer hacerlo, poner un poco de interés, a cambio sentiremos el bienestar inmenso de haber ayudado sin pretender más que el propio bien de otro ser igual a ti.
    Dignidad. Palabra que expresa a la perfección la envoltura más honorable del ser humano. Con esa envoltura estamos cubiertas las madres afectadas por el robo de bebés en los hospitales de España (yo, una de ellas). Dignidad por saber levantar la cabeza y luchar ante los que tuvieron el poder de manipular nuestras vidas, arrebatándonos cruelmente a nuestros hijos para mercadear con ellos. Dignidad es levantar la voz en un país democrático y civilizado pero con el lastre de saber que en su seno están miles de historias de niños robados. Dignidad es levantarse todos los días pensando que fue de tu hija o hijo, que estará haciendo en este momento, como será su cara. Dignidad es soportar el pensamiento de imaginar a tu hija muerta pero sin saber donde está su pequeño cuerpo.
    En estos momentos la mayor dignidad que podría envolver mi vida sería la verdad, sólo la verdad simple de saber donde está mi hija, nuestros hijos, los hijos robados en España a mujeres indefensas desde los años 40 hasta la década de los 80.
    Esa es la dignidad que pedimos.

    DERECHOS DE LOS NIÑOS ¿También nuestros hijos robados disfrutan de esos derechos?
    Declaración de los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 20 de Noviembre de 1959.
    La Declaración tiene 10 principios que no amparan a nuestros hijos robados al nacer.

  2. Pedro Calvillo Serrano
    14 nov 11 21:57

    Un ser humano sin dignida, pierde la esencia de humanidad. Los seres humanos tenemos el derecho intrisico de poseer unos medios suficientes para llevar una vida digna, agua, alimento, sanidad, libertad……., esos medios son imprescidibles y todos los que habitamos en este planeta tenemos la obligación de poner los medios para que ningún ser humano sufra de indignida. Es una tarea ingente lamatablemente, pués son muchos los que necesitan de esa solidaridad. Cuando el capitalismo se halla en crisis quiza se de la oportunidad de salir de esta crisis construllendo un mundo mejor, en que la dignidad sea uno de los primeros terminos a tener encuenta. Sea como sea es un punto que tenemos que tener todos los dias presentes y actuar cada vez que tengamos la oportunidad,

  3. Antonio Suárez
    14 nov 11 18:19

    Efectivamente, para que los responsables de la pobreza rindan cuentas “Exige Dignidad”.
    Invito a todas las personas, mujeres y hombres, a ver los vídeos de la presente página.
    Todos son impresionantes; pero en el primero, lo que narra una señora, no tiene desperdicio. Dice:”Hace un año escuché a una mujer dar un duscurso contra la pobreza en mi comunidad. En su discurso dijo 25 veces la palabra explotación; 17 veces la palabra agua; 8 veces la palabra médico; 13 veces la palabra asesinato; 31 veces la palabra dignidad; y tan solo una vez la palabra dinero”.
    La pobreza no es una cuestión de dinero, es una cuestión de derechos humanos.
    Termino citando el artículo 26 de lq Declaración Universal de los Drechos Humanos, en el punto 1: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de perdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
    TODOS DEBEMOS “EXIGIR DIGNIDAD”