El arquitecto británico David Mackay, radicado en Barcelona desde hace medio siglo, rememora los momentos clave del nacimiento y primeros pasos de la Sección Española.

David Mackay, arquitecto británico radicado en Barcelona desde hace medio siglo y conocido por participar en el diseño de la Villa y el Puerto Olímpicos en 1992, vivió en primera persona los inicios de Amnistía Internacional en España, en cuyo nacimiento compartió protagonismo con otras personas comprometidas en la defensa de los derechos humanos como Silvia Escobar, Maria Lluïsa Borràs o Manuel Casanoves, que sería el primer presidente de la Sección Española.

Mackay cuenta que se asoció a AI y empezó a escribir cartas de apoyo a presos de conciencia “poco después de que los coroneles griegos derrocaran el 21 de abril de 1967 al Gobierno legítimo e iniciaran una represión implacable de los opositores”. Eso le permitió ampliar su conocimiento y sensibilidad ante los abusos de derechos humanos en todo el mundo y, lo más importante, le confirmó que “incluso un solo individuo podía hacer algo, por pequeño que pudiera parecer”, cuando ese esfuerzo se sumaba al de muchas otras personas.

Había conseguido la dirección del Secretariado Internacional en Londres gracias a su cuñado, un sacerdote que ya estaba en contacto con AI a través de una organización católica de jóvenes trabajadores. Y a partir de ahí pudo encontrarse con socios del Reino Unido y Suecia que acudían a Barcelona para interceder ante las autoridades en defensa de presos políticos españoles. “Eso me llevó también a mantener un contacto permanente con la BBC y el resto de la prensa londinense”, recuerda.

Manuel Casanoves (c) Particular

Abierto el canal de comunicación con la oficina central de Londres, en 1976 fue contactado desde allí para explorar si Amnistía podía ser legalizada en España. La primera cita fue el 12 de marzo en el Centro de Investigaciones de Relaciones Internacionales y Desarrollo (CIDOB), donde se iba a presentar una campaña sobre la tortura en Uruguay, y fueron convocados también otros colaboradores –en aquella AI clandestina algunos ni siquiera se conocían– como Enric Benages, Santiago Nadal, Manuel Casanoves y Silvia Escobar, llegada de Madrid.

“Dado que yo tenía un contacto fluido con Londres”, añade Mackay, “me ofrecí para gestionar la legalización a través de un abogado amigo, Josep María Vilaseca, así que me convertí en una especie de ‘secretario aficionado’. Una vez que la solicitud y los Estatutos estuvieron preparados, alguien tenía que firmar como presidente en ejercicio, por lo que consulté a los otros cuatro, que consideraron que mi condición de británico me situaba en la mejor posición. La solicitud fue enviada al ministro del Interior Rodolfo Martín Villa, que, sorprendentemente, autorizó la legalización en un mes”. La fecha, 10 de febrero de 1978.

Litografía de Joan Miró cedida por la Fundación Miró en 1977. © Joan Miró for Amnesty International / Prisoners of Conscience Year 1977

En esos casi dos años habían pasado muchas cosas, desde el activismo a favor de un prisionero político uruguayo hasta los viajes a Madrid y Pamplona para coordinarse con otros miembros de AI. Pero el 10 de diciembre de 1976, Día de los Derechos Humanos, fue una fecha para enmarcar: en la Fundación Miró se inauguró la exposición “Artistas por Amnistía” para promover una campaña por los presos de conciencia. El cartel llevaba la firma del propio Joan Miró, y Mackay recuerda que “la idea de recaudar fondos con la venta de obras artísticas surgió charlando con la crítica de arte Maria Lluïsa Borràs. Ella contactó a los artistas y yo fui a la Fundación a entrevistarme con Miró, que nos apoyó con entusiasmo y nos cedió una curiosa obra sobre papel de 80×40 que recaudaría un millón de pesetas para AI. La exposición se celebró en el Colegio de Arquitectos, frente a la catedral, y ni que decir tiene que fue un gran éxito y recibió amplia cobertura informativa”.

Pero tanto o más emocionante había sido en aquel 1976 su participación en la delegación española que acudió (Casanoves, Borràs y él mismo desde Barcelona y Silvia Escobar y Eduardo Muñoz Seca desde Madrid) al Congreso Internacional de AI en Estrasburgo. “En la sesión inaugural fuimos presentados públicamente –cuenta–, y nuestro pequeño grupo se levantó al fondo del auditorio, muy nerviosos y en cierto modo avergonzados de recibir un enorme aplauso que ¡parecía durar eternamente! Después de todo, habíamos hecho muy poco en comparación con todos los demás, ya que ni siquiera habíamos celebrado nuestro Congreso constituyente”.

Organizarlo les llevaría tiempo, pero Mackay y su grupo barcelonés no tardaron en tener algo que celebrar: “El preso político uruguayo al que apoyábamos fue puesto en libertad y vino más tarde a darnos las gracias”. El 10 de octubre de 1977 llegaría otra espléndida noticia, la concesión a Amnistía Internacional del Premio Nobel de la Paz, que consolidó su reconocimiento y prestigio en todo el mundo. Un prólogo perfecto para el nacimiento de AI-España en 1978. Y un momento imborrable para David Mackay: “Recuerdo bien aquel día. Supongo que, al figurar mi nombre como “presidente” en los documentos legales, Televisión Española me llamó para entrevistarme en los estudios de Montjuic para el telediario. Mi castellano era un poco flojo, pero suficiente para subrayar que el premio era realmente para los presos políticos”.

Portada del Informe Anual 1978, el primero publicado en castellano. (c) AI

También se acuerda bien de la reunión madrileña en la que “al fin la Sección Española de AI quedó constituida formalmente y los propios socios españoles tomaron las riendas. Mi etapa de dirigir el proceso de modo casi ‘aficionado’, con la extraordinaria ayuda de Pilar Val, que fue la auténtica impulsora del secretariado en Barcelona, afortunadamente llegaba a su fin”. Tras la legalización en febrero, el 27 de junio de 1978 se presentó a la vez en Madrid y Barcelona el primer Informe Anual de Amnistía Internacional en castellano, correspondiente a 1977. Y el 15 de julio tuvo lugar en Barcelona la Asamblea Constituyente de AI-España, que eligió primer presidente a Manuel Casanoves.

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Esta entrada tiene 7 comentarios.

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  1. 33 Años de incansable lucha solo en España, Felicidades!!!! sois un gran equipo.

  2. Diana
    25 jun 11 20:32

    Interesante leer esta historia en primera persona. Muchas gracias por compartirla con nosotros. Un abrazo

  3. Maribel García Expósito
    24 jun 11 19:18

    Gracias, David, y a todos los demás pioneros de AI en España por abrirnos el camino. Si vienes por Tenerife, avisa, lol.

  4. Antonio Suárez
    23 jun 11 20:21

    Desde Asturias, un activista -ya un poco veterano-, me alegra encontrar colaboradores como tú, en las labores de Amnistía Internacional. Espero, David, que las personas nos comprometamos, cada vez con más compromiso, en la defensa de los derechos humanos. Un abrazo.

  5. David tienes en Mayorga de Campos a una amiga que también lucha y colabora con AI la defensa de los derechos humanos y está encantada de trabajar
    contigo en una buena causa.

  6. Me encanta colaborar con David en la lucha pro derechos humanos espero seguir colaborando con
    personas tienen corazón, y buenos sentimientos
    les gusta ayudar a que el mundo sea un poco
    mejor.

  7. MªElena
    23 jun 11 16:58

    Me reconforta colaborar con AI desde sus inicios en BCN- Gracias a personas emprendedoras como David, la red de AI no deja de crecer. Felicidades, amigos.