El apoyo de AI a las protestas indígenas logra detener en la India un doble proyecto empresarial (de extracción minera y ampliación de una refinería de aluminio), cuyo grave impacto ambiental y humano amenazaba a la comunidad Dongria Kondh

©Amnesty International 2010

Los gobiernos son responsables de proteger los derechos humanos, pero también lo son las empresas. Y por tanto, como subraya Amnistía Internacional, también ellas deben rendir cuentas de sus actividades y de su impacto sobre la ciudadanía. Esa precisión, avalada por especialistas como John Ruggie, representante especial del secretario general de Naciones Unidas sobre la cuestión de los derechos humanos y las empresas transnacionales, viene a cuento de una de las historias de éxito que han jalonado los 50 años de AI. Su escenario, el Estado indio de Orissa, y en concreto las colinas de Niyamgiri y su entorno, donde viven la comunidad indígena Dongria Kondh, integrada por 9.000 personas y amenazada de extinción.

Laguna de lodo rojo de Vedanta en Lanjigarh, Orissa, India el 23 de mayo de 2011 - después de dos fugas, el 5 de abril y 16 de mayo 2011 © AI

En esas colinas pretendía extraer bauxita la compañía minera Vedanta Resources, radicada en el Reino Unido y representada en este caso por su filial Sterlite Industries (74%), que comparte la iniciativa con la estatal Corporación Minera de Orissa (26%). Y al pie de las colinas, en Lanjigarh, la misma empresa quería ampliar hasta seis veces el tamaño de su refinería de aluminio, gestionada por Vedanta Aluminium, partipada al 70,5% por la compañía matriz y al 29,5% por Sterlite India. Ambos proyectos han sido contestados durante años por los Dongria Kondh y otras comunidades indígenas, que consideraban el primero una auténtica amenaza a su propia existencia  y el segundo una fuente de contaminación del agua y el aire que arrruinaría la vida comunitaria.

Miembros de la comunidad Dongria Kondh de pie junto a la puerta improvisada que han colocado para evitar que los funcionarios de Vedanta accedan al área de explotación minera en Lanjigarh, Orissa, India, junio de 2008 © Sanjit Das

Al final, en lo que AI califica de “victoria histórica para los derechos indígenas y la rendición de cuentas de las empresas“, ambos proyectos se han venido abajo por decisión gubernamental, respaldada judicialmente por el Tribunal Superior de Orissa. Amnistía, que se había sumado a la campaña de protestas indígenas en 2008, aportó a su causa en febrero de 2010 un informe que lo decía todo desde su propio título, “No exploten nuestras vidas: Una mina de bauxita y una refinería devastan vidas en la India”, y que ponía negro sobre blanco los abusos de derechos humanos y las infracciones legales de los proyectos. Un informe oficial llegaría a similares conclusiones medio año después y reforzaría los argumentos ambientales y sociales del Gobierno indio para rechazar, el 24 de agosto de 2010, el proyecto minero. Apenas dos meses más tarde, el 20 de octubre, el Gabinete añadiría una segunda negativa al prohibir la ampliación de la refinería.

(en inglés) Amnistía Internacional y otras organizaciones como Survival International, ActionAid, London Mining Network, Platform y otras, protestan durante la Asamblea General Anual que se celebró en Londres el 28 de julio de 2010. © Amnesty International UK

El éxito no había sido fácil, porque AI y la comunidad Dongria Kondh debían impugnar la autorización medioambiental concedida a la mina por un tribunal de apelación. La campaña de Amnistía, que paralelamente entabló conversaciones con la empresa y coordinó acciones con otras organizaciones no gubernamentales, se tradujo en más de 30.000 cartas de protesta a las autoridades indias y en concentraciones ante la sede central de Vedanta en Londres durante su asamblea general anual. Su primer éxito parcial fue la paralización temporal de los dos proyectos finalmente vetados por el Gobierno. Y también fue importante la retirada de la empresa de varios inversores molestos por la situación en Orissa. Si en 2007 el Fondo de Pensiones noruego apeló a los derechos humanos para llevarse su participación de 11,5 millones de euros, en febrero de 2010 seguirían el mismo camino el fondo benéfico Joseph Rowntree y la Iglesia de Inglaterra.

Activistas frente a las oficinas de Vedanta Resources en Londres © Amnistía Internacional

Aunque la compañía no ha cejado en su empeño de intentar anular en el Tribunal Supremo de la India la prohibición oficial de su doble proyecto de extracción de bauxita y ampliación de la refinería de alumnio, tampoco Amnistía ha dejado de aportar datos y argumentos que justifican ese doble veto.  En julio pasado, el informe “Generalisations, omissions, assumptions” señaló que la empresa no ha considerado correctamente el impacto humano de sus proyectos en Orissa. Y la directora adjunta del Programa Regional para Asia y Oceanía de AI, Madhu Malhotra, era aún más rotunda al recalcar que el Gobierno de Delhi “no debe caer en el engaño de pensar que Vedanta ha cumplido las normas medioambientales. De hecho, la realidad es muy distinta”.

Este estanque de barro rojo en la refinería de aluminio de Vedanta en el estado de Orissa, con casi total seguridad extenderá la fuga de desechos tóxicos a la zona circundante cuando empiece la temporada de lluvias que comienza en junio. Más de 4.000 familias que viven cerca pueden sufrir problemas de salud o perder sus medios de subsistencia.© Amnesty International 2011 (está en inglés pero las imágenes hablan por si solas)

Para muestra de tal incumplimiento, varios botones apuntados por Malhotra: “A los habitantes de la zona se les ha proporcionado de manera sistemática información escasa o engañosa sobre los posibles impactos de los proyectos de Vedanta. Estas personas viven hoy con una gran refinería en medio de su comunidad, el aire está saturado de polvo y enormes camiones cargados de bauxita en bruto circulan a gran velocidad por sus caminos. La refinería y su estanque de residuos tóxicos están a la orilla del río que fluye por la zona, por lo que la gente no sabe con certeza si la corriente de la que toman la mayor parte de su agua es segura para el consumo”.

Las evaluaciones de impacto ambiental de Vedanta dejan mucho que desear, ya que no consideran el impacto de los camiones, ni reconocen el polvo y olor como contaminantes, ni evalúan la importancia cultural de la zona para la población indígena, ni informan bien sobre el uso del agua, ni revelan, en fin, los criterios de diseño de los estanques de residuos de “lodo rojo”, situados cerca del río Vamsadhara y de los que se han denunciado vertidos a esa corriente de agua que abastece a la población local. Y eso, además, sin considerar siquiera el impacto humano y social de esas actividades empresariales, que influirían en el uso de la tierra, el desplazamiento de población y la reforestación y rehabilitación de las áreas afectadas.

La familia Pusika es una de las muchas familias que se han visto afectadas y bajo amenaza directa de extinción debido a la expansión y los planes de explotación minera de la empresa de aluminio, Vedanta. © Sanjit Das

La empresa prometió mucho antes de adquirir tierras para la refinería, hasta el punto de que autoridades locales hablaban en 2002 de que se daría “empleo a todas las familias que vendan tierras”, se instalarían “servicios de agua y electricidad” y la zona sería “transformada en una nueva Bombay”. Pero aquellas buenas palabras no bastaron para convencer a la comunidad  Dongria Kondh. Primero, porque, como protestaba un portavoz indígena, ni siquiera fue consultada: “Llevamos generaciones viviendo aquí. ¿Cómo puede ahora el Gobierno decir sin más que estas tierras son suyas y autorizar el proyecto minero sin hablar con nosotros?”. Y segundo, porque, como remachaba otro, esos proyectos pondrían en peligro su propio futuro: “Si nos obligan a dejar nuestras montañas y morimos de hambre, todos ustedes serán responsables”.

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Esta entrada tiene 2 comentarios.

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  1. Antonio Suárez
    26 nov 11 16:24

    Se dice que: “Las Promesas se las lleva el Viento”. La empresa que se comenta hoy -como cientos de ellas en el resto del mundo-, con el fin de conseguir sus objetivos -CON ÁNIMO DE LUCRO-, no les importa el gravísimo daño que, con ello, ocasionan a la humanidad.
    ¿Tiene importancia engañar a los seres humanos? ¡¡NINGUNA!!
    ¿Acaso la tiene contaminar los ríos, atmósfera, cultívos, en una palabra, todo aquello relacionado con el medio ambiente? ¡¡TAMPOCO!!
    ¿Será que se preocupan del impacto social que puedan sufrir las personas dónde instalan las empresas? ¡¡MUCHO MENOS!!
    ¿Quieren respetar a los que tienen la Naturaleza, por su Dios? Je, Je, Je ¡¡Aquí, no hay más Dios que el dinero, eso sí, cuánto más abundante, mucho mejor!!
    Por si se arrepìenten, que lo dudo mucho, les recuerdo el arículo 8 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Toda persona tiene dertecho a un recurso efectivo, ante los tribunales nacionales competentes, que la amparen contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

  2. ¡Cuanto egoismo hay y cuantos depravados hay por el mundoi no les importa que esta pobre gente se muera de hambre con tal de hacer lo que les da la gana. No hay justicia, no hay escrúpulos ni humanidad, al gobierno de ese país no les importa
    nada los derechos humanos.