A veces incomprendido y solitario, el esfuerzo "riguroso y sostenido" de Amnistía permitió sacar a la luz graves abusos oficiales y mejorar las garantías legales y judiciales

A propósito del incansable trabajo de Amnistía Internacional para denunciar las violaciones de derechos humanos en Irlanda del Norte, Jonathan Power escribía en “Como agua en la piedra” (2001), su espléndida historia de los primeros 40 años de Amnistía Internacional, que AI “tuvo más éxito en países extranjeros que en el patio de su casa”. Pero lo apuntaba más en clave política -”no puede decirse que Amnistía haya alterado profundamente, o ralentizado, la dirección del conflicto”– que en su ámbito de derechos humanos, donde sí podía hablarse de importantes avances y “mejoras paso a paso”.

Máxime cuando el propio Power subrayaba que tal esfuerzo “ha sido riguroso y sostenido” y acometido casi “en solitario”, sin gran respaldo de los medios de comunicación y con apenas “un modesto apoyo del poder judicial y del Parlamento británicos”. Después de tres décadas de conflicto norirlandés, remachaba, Gobiernos laboristas y conservadores “salen con un historial embarrado”.

Report of an inquiry into allegations of ill-treatment in Northern Ireland 1972 © Amnesty international

Amnistía ejerció desde el principio de notaria de las irregularidades legales y judiciales. La implantación del internamiento o detención sin juicio en agosto de 1971 motivó enseguida denuncias periodísticas de brutalidad policial, que dieron lugar a un comité de investigación cuyo Informe Compton reconocía malos tratos físicos, pero no brutalidad. AI lo consideró insuficiente por no contemplar los testimonios de las víctimas, y se adelantó a las conclusiones oficiales con la creación de una Comisión Internacional de Investigación sobre las denuncias de torturas en Irlanda del Norte que sí recogió esos relatos en primera persona.

Ni autoridades ni fuerzas de seguridad cooperaron, pero la Comisión evidenció “formas de tortura” como obligar a permanecer de pie ante la pared durante horas y hasta días enteros al detenido, “agotado progresivamente y sacado literalmente de quicio al ser sometido a ruido continuo y ser privado de alimento, sueño e incluso de luz”. Estas acusaciones llevarían al Gobierno conservador de Edward Heath a prohibir esas técnicas de interrogatorio, aunque ello no impidió que, tras una denuncia de Dublín, la Comisión Europea de Derechos Humanos condenara a Londres por “trato inhumano y degradante”.

Desde su pionero Informe de 1972 sobre denuncias de malos tratos en Irlanda del Norte, Amnistía estuvo siempre en primera fila frente a los abusos de derechos humanos. Se sucedieron informes, circulares, declaraciones y recomendaciones sobre prácticamente todos los capítulos donde la legalidad aparecía cubierta de sombras: falta de garantías en los tribunales especiales sin jurado “Diplock”, clamorosos errores judiciales por malas prácticas policiales, ausencia de investigaciones independientes sobre estas y de castigo a sus responsables, e incluso fundadas sospechas de una política de homicidios planeados de activistas del IRA y de connivencia entre fuerzas de seguridad y paramilitares unionistas.

Informe The Diplock Courts in Northern Ireland: A Fair Trial? An analysis of the law based, on a study commissioned by AI  © AI

Los tribunales “Diplock” para casos de terrorismo, establecidos en 1973 por la Ley de Disposiciones de Excepción para Irlanda del Norte, fueron motivo permanente de preocupación para Amnistía, que vio avaladas por análisis independientes como el encargado al abogado holandés Douwe Korff sus críticas de que no cumplían con los estándares internacionales para un juicio justo. Muchas eran las dudas: amplios poderes de arresto y detención –hasta siete días- de policía y ejército, interrogatorios sin derecho al silencio ni control judicial, derechos reducidos de la defensa, admisión de declaraciones obtenidas con fuerte ‘presión psicológica’ –interrogatorios “enérgicos, persistentes y decididos” y en condiciones de aislamiento y fatiga-, mayoría de condenas basadas en la sola evidencia de la autoinculpación -escrita o supuestamente verbal- ante la policía, derecho limitado de apelación que no evaluaba la cuestión fundamental de la fiabilidad de esa confesión…

Un marco de insuficiente nivel probatorio que se completaría en 1983-1985 con sentencias apoyadas en el testimonio no corroborado de los ‘supersoplones‘, presuntos delincuentes que denunciaban a sus supuestos cómplices bajo promesas de exculpación, sentencias leves o dinero y nueva identidad. De las 65 declaraciones de culpabilidad por esa vía, 64 fueron anuladas por el Tribunal de Apelación, en algunos casos tras pasar varios años en prisión antes y después del juicio.

Más de 15 años pasaron en la cárcel, siendo inocentes, los “Seis de Birmingham” y los “Cuatro de Guildford”, condenados por las bombas del IRA que en 1974 causaron 26 muertes en tres pubs de esas localidades británicas. El gravísimo error judicial se apoyó en autoinculpaciones extraídas con malos tratos, falsos testimonios de agentes, pruebas fabricadas por la policía y  ocultación de otras. Esa cadena de abusos oficiales quedó impune, aunque en 2005 el entonces primer ministro Tony Blair pidió perdón públicamente por las injustas condenas a los “Cuatro de Guildford”, que hizo extensivas a los “Siete Maguire”, condenados en un caso paralelo y cuya historia conjunta sirvió de argumento a la película “En el nombre del padre”.

Justo tras la llegada de Blair al poder en 1997, Amnistía le había hecho saber su “Programa para la protección de los derechos humanos” en el Reino Unido. Empezando por remediar el oscurantismo oficial ante las denuncias de violaciones de derechos humanos y la impunidad de sus autores. Siguiendo por capítulos tan graves protagonizados por las fuerzas de seguridad como “los incidentes de disparos y homicidios ocurridos en circunstancias controvertidas” o como las “denuncias de confabulación” (con paramilitares unionistas) “y de ejecución extrajudicial”. Y sin olvidar la entonces pendiente “investigación completa” sobre el “Domingo Sangriento” de 1972 que costó la vida a 14 manifestantes tiroteados por el ejército británico en Derry y que emponzoñó  la conflictiva situación norirlandesa. El informe final llegó en 2010, concluyó que la matanza “no estaba justificada ni es justificable” y llevó al primer ministro David Cameron a declararse en el Parlamento “profundamente consternado en nombre del Gobierno y del país”.

En cuanto a las denuncias de AI sobre homicidios de miembros del IRA y connivencia con paramilitares unionistas, han sido corroboradas por investigadores policiales como John Stalker, cuyo trabajo fue obstruido desde ámbitos oficiales, y por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que en 1995 declaró ilegales las muertes a tiros por soldados de élite de tres presuntos activistas desarmados en Gibraltar en 1988. La simple demanda de una investigación le valió a Amnistía la descalificadora etiqueta de “apologeta del IRA” por parte de la entonces primera ministra Margaret Thatcher, y cuenta Jonathan Power que, debido a las duras críticas oficiales y mediáticas, “muchos miembros británicos de la organización se dieron de baja”.

Una prueba más de que, más allá de momentáneas soledades, el esfuerzo “riguroso y sostenido” en defensa de los derechos humanos siempre rinde frutos. Porque esa actitud de AI, según recordaba Power, fue consiguiendo mejoras para prevenir malos tratos policiales -como la presencia de abogado en el interrogatorio y su grabación en audio y vídeo- y para garantizar el acceso y defensa legal de los detenidos. Como diría el autor, “quizá Amnistía no ha cambiado el mundo todavía, pero tampoco lo ha dejado tal como lo encontró“.

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Esta entrada tiene 4 comentarios.

No se permiten más comentarios.

  1. Agatha
    11 nov 11 7:32

    Kick the tires and light the fires, problem oiffcially solved!

  2. Pedro Calvillo Serrano
    06 nov 11 20:05

    Excelente trabajo de AI internacional en Irlanada del Norte, en unas circustancias dificil, como era el caso de enfrentamiento entre dos comunidades que estaban condenadas a convivir, un gobierno que apoyaba a una d las partes y que cometio el tremendo error de militarizar la situación, el abuso de autoridad, la vulneración de los Derechos Humanos, de las leyes de su propio país por parte del gobierno britanico, no ayudaba en nada la viloencia del IRA. Ese trabajo diario sdobre el terreno, sin duda tubo importancia en la resolución pacifica del conflicto, larga marcha aún despues del cese de ostilidades.

    Creo que tambien le espera trabajo AI en España, con el incipiente proceso de paz en Euskadi, con la posible entrada en el gobierno de un partido como el PP que ha útilizado a las victimas de un lado en provecho electoral. La recociliación y el respeto de los derechos humanos, son dos bazas importantisima para dar pasos adelante y quien sin duda puede ayudar es AI y creo que allí estaremos para hacer posible que esta posibilidad de Paz se haga realidad.

  3. Toni Suárez
    03 nov 11 16:49

    En el mundo que nos toca vivir, tan injusto y egoista, es una gran esperanza, que organizaciones como Amnistía Internacional, sigan luchando por sacar a la luz graves abusos sociales y mejorar las garantías sociales y judiciales, que es el caso que nos ocupa de Irlanda del Norte.
    Efectivamente, como dice Power: “quizá Amnistía Internacional no ha cambiado el mundo todavía, pero tampoco lo ha dejado tal como lo encontró”.

  4. Toni Blake no se portó bien con la gente que dijo no
    a la guerra de Irak, no escuchó a su pùeblo y
    participó en una cont¡enda injusta que lejos de derrocar a Sadam Husseín lo que hicieron junto con el presidente Bush y José María Aznar fue matar a las personas inocentes que no tenían culpa de nada,
    con el pretexto de el presidente de Irak tenía armas de destrucción masiva y lo único que querían era el petroleo. Ese es el señor Toni Blake.