Cortometraje creado por Amnistía Internacional Reino Unido sobre las prácticas perjudiciales de la Shell Oil en el delta del Níger. © AI

Para ellos, petróleo no es más que triste y cruda realidad desde hace años: sinónimo de desplazamiento, de destrucción y muerte. Allí, en lo que llaman Ogoniland, se vierte desde la red de tuberías, terminales, estaciones de bombeo y plataformas, constantemente, cual Exxon Valdés empujado a la puerta de tu casa, en una de las peores catástrofes ecológicas de este mundo… y más ignoradas: a ojos occidentales no existe. Aquello no es la costa de Florida, ni dice palabra el presidente Obama.

Finalmente consiguieron que las tuberias fueran cambiadas, después de 47 años de uso © Celestine AkpoBari

Celestine AkpoBari (nacido de familia campesina en el Estado de Rivers, en su capital, Port Harcourt, hace 38 años) es ogoni, opositor al Gobierno, miembro destacado del Movimiento Contra la Corrupción en Nigeria (MOSOP), responsable de Social Action y coordinador del Ogoni Solidarity Forum que él mismo ha fundado para que sus compatriotas tomen conciencia de la violación a la que las compañías petrolíferas llevan sometiendo desde hace medio siglo a sus tierras (AI publicó Nigeria, petróleo, contaminación y pobreza en el delta del Níger, en 2009).

Vertidos en la única fuente de agua potable. © Celestine AkpoBari

Celestine era una de las personas elegidas para participar en el reportaje que estábamos preparando la primavera pasada en El País Semanal sobre el 50 aniversario de AI (publicado el 15/5/2011). Y dado que a la fotógrafa Sofía Moro y a mí nos negaron el visado (con la excusa de que se celebraban elecciones cercanas) y no pudimos viajar hasta Ogoniland, fue el pueblo ogoni mismo el que vino hacia nosotros encarnado en este hombre de rostro endurecido, hermético, permanentemente amenazado de muerte. Él trajo consigo la narración de esa suerte de combate de David contra Goliat, fácil de imaginar. Y demasiado usual: un territorio rico donde habita un pueblo pobre y otros se lo apropian. Un buen día, las empresas internacionales llegaron, extendieron sus tubos de conducción, su aparataje y atravesaron poblados y tierras ogoni. Sin preguntar. Y el Gobierno nigeriano miraba y mira hacia otro lado: al fin y al cabo el oro negro, es el mayor ingreso para el Estado y para los bolsillos de muchos.

Llamas de la tubería extractora en petróleo en el Delta del Níger © Celestine AkpoBari

El petróleo ha generado allí ingresos millonarios, pero la mayor parte de la población vive sumida en la pobreza, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en medio del “abandono administrativo, el desmoronamiento de los servicios y las infraestructuras sociales, una elevada tasa de desempleo, privación social, una enorme pobreza, miseria e inmundicia y un conflicto endémico”. Su pobreza, y el contraste que supone con la riqueza generada por el petróleo, se ha convertido en uno de los ejemplos notorios de la “maldición de los recursos”, señalan.

“Mi pueblo”, dice, “es un pueblo en pie de guerra contra las poderosas petroleras que esquilman, explotan, contaminan y nos expulsan de las tierras”, dice este activista nigeriano, que anduvo entretenido con unos y otros los dos días escasos de su estancia en Madrid, pero nunca pareció salir de sí; andaba ensimismado.

Ken Saro-Wiwa, 1994 © Amnesty International/Karen de Groot

La gente como Celestine es molesta. Su lucha por la justicia y la democracia aún más. Como ya irritó, y mucho, con sus acciones de calado internacional Ken Saro-Wiwa, profesor, escritor y dirigente destacado de la comunidad ogoni. Saro-Wiwa desempeñó un papel fundamental en la redacción de la Carta de Derechos del Pueblo Ogoni, de 1990, en la que se destaca la falta de representación política, servicios de agua corriente y energía eléctrica, oportunidades de empleo y proyectos de desarrollo para las comunidades de la región. Fue fundador y presidente del MOSOP, que ejerció presión para que las petroleras y el gobierno limpiaran el entorno y pagaran indemnizaciones. En 1993, Shell Nigeria se retiró de Ogoniland a raíz de las protestas locales (aún no ha vuelto, aunque se rumorea que está en ello).

Poco después, en 1995, Saro-Wiwa fue ejecutado a escondidas y de muy mala manera por el Estado de Nigeria junto con ocho miembros de la comunidad ogoni (la Shell pagó indemnizaciones a los familiares en 2009 “como gesto humanitario”, pero no asumió su responsabilidad”). Hoy es héroe nacional ogoni. Para Celestine es modelo y referencia. Todo lo que hace hoy responde a su memoria.

El Informe de la ONU confirma la contaminación masiva en el Delta del Níger. La compañía petrolífera Shell ha provocado un impacto desastroso en los derechos humanos de las personas que viven en la zona. © Amnesty International

Durante años, multinacionales como Shell, Agip, Total o Chevron argumentaron que el problema de los vertidos no era tal sino sabotaje local (muy habitual). También numerosos grupos armados surgieron durante un tiempo, violentos, le pregunto a Celestine por ellos. Otra excusa, asegura él. “No hay ya nada de eso, sólo población civil de por medio”. Y hace unos meses el Delta del Níger saltó a las noticias de los grandes medios, aunque fueran breves: un informe más, esta vez de la ONU, que ha examinado durante año y medio el impacto de la polución en la vida y la salud de las comunidades ogoni, analizando 200 puntos y examinado 122 kilómetros de oleoductos, ha puesto sobre la mesa conclusiones que para Celestine son tan obvias como la luz del día: Shell, Total y AGIP son responsables del desastre ambiental en el Delta. La industria petrolera y el Gobierno nigeriano deben pagar y comenzar su limpieza en la que podría ser la mayor operación de este tipo de la historia. Si es que se realiza.

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