La más habitual y extendida violación de derechos humanos alcanza a un tercio de la población femenina, pero esa 'galería del horror' no ha logrado ocultar la esperanza de justicia que alimentan conjuntamente AI y las organizaciones de mujeres

Está en nuestras manos,pongamos fin a la violencia contra las mujeres. Video realizado para el lanzamiento de la campaña de AI contra la violencia contra las mujeres © Amnesty International

La violencia contra las mujeres y niñas es la violación de derechos humanos más habitual y extendida: a lo largo de su vida, una de cada tres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos. Un auténtica vergüenza mundial y un inmenso escándalo en materia de derechos humanos al que Amnistía Internacional ha dado respuesta desde 2004 con su Campaña para Combatir la Violencia contra las Mujeres, la primera iniciativa temática global de larga duración. Concluida el 8 de marzo de 2010, la campaña ha sido sometida a revisión externa independiente para seguir trabajando en ese ámbito con mayor eficacia y la mejor coordinación posible con las organizaciones de mujeres.

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Valdenia Paulino, que fue acogida en el programa de protección de defensores de AI-España, considera los derechos humanos "el punto de partida para superar la pobreza"

Valdenia Paulino, favelas de Joao Pessoa, Brasil © Sofía Moro 2010

Las palabras de Valdenia Aparecida Paulino, abogada brasileña y defensora de los derechos humanos en las favelas de este país, no tienen desperdicio: “Los derechos humanos son el pasaporte de quienes viven en la pobreza para ser reconocidos como seres humanos y ciudadanos“, porque tener conciencia de ellos “es el punto de partida para superar la pobreza”. Y cuando las personas lo hacen, “descubren que son los protagonistas de su propio desarrollo y dejan de contentarse con las sobras que dejan otros. Empiezan a participar en el proceso político, a exigir sus derechos y a hacer que quienes están en el poder rindan cuentas”.

Ella pone especial énfasis cuando repite esa filosofía ‘en femenino’, porque las mujeres y sus derechos han sido su ley de vida desde que, ya de niña, fue “testigo en Sao Paulo del hambre, la muerte, el trabajo infantil y la violencia institucional, en particular del uso arbitrario de la fuerza policial en las favelas; de la discriminación racial y social; de la indiferencia de las autoridades”. Eso la llevó a querer “hacer algo”. Y pronto se puso a la tarea. Con apenas 14 años colaboraba en la alfabetización infantil en los barrios marginales. Con 18 organizó una casa para chicas que intentaban dejar la prostitución. Además, esas y otras iniciativas “se llevaron a cabo en las favelas, gracias al valor y la creatividad de sus habitantes”.

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AI recuerda que la mayoría de víctimas aún espera "reconocimiento, reparación y justicia" y considera que el país "necesita mirar al futuro enfrentándose a su pasado". También aboga por la protección de los derechos humanos y la efectividad policial y judicial para acabar con la actual inseguridad y las mafias

Madre e hijo caminan entre las marcas policiales en la escena de un tiroteo cerza de Zacapa, Guatemala. 23 de septiembre de 2010. (c) REUTERS/Daniel Leclair

Después de un prolongado conflicto armado interno (1960-1996) que dejó más de 200.000 muertes y 50.000 ‘desapariciones’, Guatemala sigue envuelta en un grave clima de violencia que ahora tiene perfiles de inseguridad callejera, mafias agresivas y violaciones de los derechos humanos. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo cifra en 6.000 los homicidios anuales, con una tasa de 47 por 100.000 habitantes (108 en la capital) que desborda brutalmente el nivel de “epidemia de violencia” fijado por la Organización Mundial de la Salud en 10 crímenes por 100.000 habitantes.

Ni Proteccion Ni Justicia – Homicidios de Mujeres en Guatemala
Documental realizado por AI Holanda (en castellano) en 2005, sobre el feminicidio en Guatemala

Tras constatar que “las personas más vulnerables de la sociedad” siguen viendo violados sus derechos humanos, Amnistía Internacional instó a los candidatos de las elecciones presidenciales que se decidirán en la segunda vuelta de noviembre, a que “se comprometan a priorizar el respeto, el fomento y la protección” plena de esos derechos. Una demanda que comprenden a la perfección las mujeres y niñas discriminadas y asesinadas (717 en 2009 y 695 en 2010 a pesar de la Ley contra el Femicidio de 2008), el campesinado indígena desalojado a la fuerza de sus tierras o las defensoras y defensores de derechos humanos que sufren amenazas y ataques. Ni la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú se ha librado de la represión.

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La campaña global contra la pobreza y exclusión que violan los derechos humanos, marca la quinta década de AI

La campaña Exige Dignidad en dos minutos (c) AI

Exige Dignidad”, lema de la campaña global lanzada por Amnistía Internacional en 2009, es toda una declaración de principios para su 50º aniversario. Y marca la quinta década de la organización, que amplía así sus competencias para incluir el derecho humano a no ser pobre y, por tanto, la necesidad de poner fin a la injusticia y la exclusión que atrapan a quienes las sufren en un círculo vicioso de privaciones y falta de autonomía personal y colectiva. Un círculo que se refleja con dramatismo en la mortalidad materna o  los asentamientos precarios, y que deja ver detrás del espejo la responsabilidad de muchas empresas o, en clave positiva, la necesidad de garantizar por ley ciertos derechos sociales.

Tal exigencia de dignidad humana serviría de saludo de bienvenida a Salil Shetty cuando asumió en 2010 la Secretaría General de AI en sustitución de Irene Khan. Un terreno abonado para él, que había dirigido desde 2003 la Campaña del Milenio de la ONU y que antes (1998-2003) fue director ejecutivo de ActionAid, ‘hermana mayor’ de la española Ayuda en Acción y una de las ONG para el desarrollo con más experiencia en la lucha contra la pobreza. Shetty recibía también un valioso legado, el compromiso creciente de la base de AI, cuyo número de simpatizantes, miembros y activistas superaría ya los 3 millones en 2011.

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