AI recuerda que la mayoría de víctimas aún espera "reconocimiento, reparación y justicia" y considera que el país "necesita mirar al futuro enfrentándose a su pasado". También aboga por la protección de los derechos humanos y la efectividad policial y judicial para acabar con la actual inseguridad y las mafias

Madre e hijo caminan entre las marcas policiales en la escena de un tiroteo cerza de Zacapa, Guatemala. 23 de septiembre de 2010. (c) REUTERS/Daniel Leclair

Después de un prolongado conflicto armado interno (1960-1996) que dejó más de 200.000 muertes y 50.000 ‘desapariciones’, Guatemala sigue envuelta en un grave clima de violencia que ahora tiene perfiles de inseguridad callejera, mafias agresivas y violaciones de los derechos humanos. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo cifra en 6.000 los homicidios anuales, con una tasa de 47 por 100.000 habitantes (108 en la capital) que desborda brutalmente el nivel de “epidemia de violencia” fijado por la Organización Mundial de la Salud en 10 crímenes por 100.000 habitantes.

Ni Proteccion Ni Justicia – Homicidios de Mujeres en Guatemala
Documental realizado por AI Holanda (en castellano) en 2005, sobre el feminicidio en Guatemala

Tras constatar que “las personas más vulnerables de la sociedad” siguen viendo violados sus derechos humanos, Amnistía Internacional instó a los candidatos de las elecciones presidenciales que se decidirán en la segunda vuelta de noviembre, a que “se comprometan a priorizar el respeto, el fomento y la protección” plena de esos derechos. Una demanda que comprenden a la perfección las mujeres y niñas discriminadas y asesinadas (717 en 2009 y 695 en 2010 a pesar de la Ley contra el Femicidio de 2008), el campesinado indígena desalojado a la fuerza de sus tierras o las defensoras y defensores de derechos humanos que sufren amenazas y ataques. Ni la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú se ha librado de la represión.

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La campaña global contra la pobreza y exclusión que violan los derechos humanos, marca la quinta década de AI

La campaña Exige Dignidad en dos minutos (c) AI

Exige Dignidad”, lema de la campaña global lanzada por Amnistía Internacional en 2009, es toda una declaración de principios para su 50º aniversario. Y marca la quinta década de la organización, que amplía así sus competencias para incluir el derecho humano a no ser pobre y, por tanto, la necesidad de poner fin a la injusticia y la exclusión que atrapan a quienes las sufren en un círculo vicioso de privaciones y falta de autonomía personal y colectiva. Un círculo que se refleja con dramatismo en la mortalidad materna o  los asentamientos precarios, y que deja ver detrás del espejo la responsabilidad de muchas empresas o, en clave positiva, la necesidad de garantizar por ley ciertos derechos sociales.

Tal exigencia de dignidad humana serviría de saludo de bienvenida a Salil Shetty cuando asumió en 2010 la Secretaría General de AI en sustitución de Irene Khan. Un terreno abonado para él, que había dirigido desde 2003 la Campaña del Milenio de la ONU y que antes (1998-2003) fue director ejecutivo de ActionAid, ‘hermana mayor’ de la española Ayuda en Acción y una de las ONG para el desarrollo con más experiencia en la lucha contra la pobreza. Shetty recibía también un valioso legado, el compromiso creciente de la base de AI, cuyo número de simpatizantes, miembros y activistas superaría ya los 3 millones en 2011.

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Las rebeliones del Norte de África y Oriente Próximo confirman la urgencia de prohibir la venta de armas y municiones que puedan usarse contra civiles o para violar los derechos humanos.

Cuando por fin se vislumbra para 2012 un Tratado internacional sobre el Comercio de Armas, la realidad cotidiana de los conflictos a lo largo y ancho del mundo confirma lo pedregoso del camino. Basta recordar las recientes denuncias de Amnistía Internacional sobre el uso de bombas de racimo españolas por las tropas del dirigente libio Muamar Gadafi, que desvelan en toda su crudeza la peligrosa ‘herencia’ que deja cada venta de armamento, de material de defensa y ‘de doble uso’, de municiones. Un mercado que mueve al año 640 millones de armas y 12.000 millones de balas -dos por cada habitante del planera- y que alimenta la sangrienta estadística de mil muertos al día -casi uno por minuto- por armas de fuego.

Campaña Armas Bajo Control
Vídeo para la campaña Armas bajo Control. Septiembre de 2008

Oficialmente, España estaba en primera fila de la lucha contra el citado tipo de artefactos al haberse adelantado, con una moratoria unilateral en julio de 2008, a la firma (diciembre de ese año) y la entrada en vigor (agosto de 2010) de la Convención que las prohíbe. En marzo de 2009 fue el primer país en destruir su propio arsenal de bombas de racimo, que se distinguen por una mortífera seña de identidad: dispersan en una amplia zona sus potentes municiones, cuya falta de precisión las hace aún más peligrosas para la población civil. España ya no las tiene ni las exporta, pero allí quedaron, en los arsenales del régimen libio. Y la única arma que no se utiliza es la que no se tiene.

Por eso Amnistía Internacional lleva años empeñada junto a otras organizaciones no gubernamentales en conseguir un Tratado sobre Comercio de Armas que impida su venta cuando exista riesgo de que sean usadas para violar los derechos humanos o las normas humanitarias internacionales. La campaña, bautizada como ‘Armas Bajo Control‘, reúne desde octubre de 2003 a AI, Oxfam y la Red de Acción Internacional contra las Armas Ligeras (IANSA en inglés), coalición que varía ligeramente en el caso español al integrar a Amnistía, Intermón Oxfam, Greenpeace y la Fundació per la Pau. Las tres primeras organizaciones habían protagonizado ya a principios de los años 90 una primera campaña, ‘Hay secretos que matan’, con el mismo objetivo, a la que siguió otra, ‘Adiós a las armas’, por el control de las armas ligeras.

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