El ucraniano Myroslav Marynovich y el moldavo Slava Aidov, dos símbolos del exitoso apoyo de AI a los presos de conciencia en la antigua URSS

Manifestación de AI Alemania contra los abusos psiquiátricos en la URSS, 1985. © AI

Informe de AI publicado en 1975 sobre presos de conciencia en la URSS

El presidente de la Asociación de Abogados Soviéticos -y a la vez de la Corte Suprema-, Lev Smirnov, no se anduvo con chiquitas en 1975 al descalificar el informe de Amnistía Internacional sobre los “Presos de conciencia en la URSS: Su tratamiento y condiciones”. Una “vulgar falsificación y difamación sobre la realidad soviética y la legimitimidad socialista”, le escribió al entonces secretario general de AI, Martin Ennals. Y todo porque la organización de derechos humanos había llegado a la conclusión de que las condiciones de detención de los disidentes políticos y religiosos “en las cárceles, colonias de trabajo correccional y hospitales psiquiátricos están por debajo de los estándares internacionales y nacionales” suscritos por la Unión Soviética.

Muchos eran los datos recogidos por Amnistía que avalaban ese balance crítico. En los campos de trabajo, por ejemplo, las raciones escasas de comida, el descuido en la atención médica, las deficientes condiciones de trabajo, las “clases reeducativas” forzosas, el predominante “acento punitivo” y la falta de un auténtico derecho de queja. Y en los hospitales psiquiátricos, la práctica privación de derechos sanitarios y legales, la complicidad médica en los diagnósticos más políticos que sanitarios contra los disidentes, el control más policial –por Interior y el KGB- que médico de los centros, la condición de estos más cercana a una prisión que a una institución de tratamiento y la utilización de delincuentes como sanitarios sin formación adecuada y con hábitos autoritarios y maltratadores.

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En España la integran más de 90.000 personas, que se movilizan por las víctimas de violaciones de derechos humanos cuya vida o integridad corre peligro

2009 Amnesty International

La Red de Acciones Urgentes de Amnistía Internacional tiene su propio récord: en 1989 en Colombia, los faxes solidarios llegaron a la prisión antes que el abogado detenido cuya libertad reclamaban. “¡Llamad a Amnistía!”, había alcanzado a gritar cuando lo arrestaban. Y la movilización de activistas fue tan rápida y eficaz, que no tardó en poder agradecerlo personalmente tras su excarcelación.

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Las dos primeras décadas de AI, marcadas por la expansión (250.000 seguidores en 151 países), nuevas formas de lucha y el Nobel de la Paz

Dos décadas después del artículo de Peter Benenson sobre “Los presos olvidados” que lanzaría la campaña “Llamamiento por la Amnistía 1961” y sería la génesis de Amnistía Internacional, la organización de derechos humanos superaba ya las 250.000 personas activistas en 151 países. Todo un éxito de movilización ciudadana por una causa justa, cuyos logros concretos en la lucha contra la pena de muerte y la tortura y a favor de los presos y presas de conciencia, tendrían su máximo reconocimiento con el Premio Nobel de la Paz de 1977 por “afianzar el terreno para la libertad, para la justicia y, con ello, también para la paz en el mundo”.

Carta de Nelson Mandela agradeciendo a Louis Blom-Cooper, investigador de AI, su presencia en el juicio en 1962. (c) particular

Desde que en Londres se encendió por primera vez la emblemática vela de AI que simboliza la esperanza de iluminar los oscuros lugares donde se abusa con impunidad contra los derechos humanos, aquel movimiento iba a implicar a cada vez más personas trabajando juntas para ayudar a otras personas en peligro. Traduciendo en acción el inspirador proverbio de que “es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”, el pequeño grupo de voluntarios encabezado por el propio Benenson se iría multiplicando por todo el mundo. El primer impulso sirvió para crear 14 Secciones nacionales en apenas dos años; en 1980 eran ya 39, con 2.200 grupos de activistas organizados.

Carátula del informe sobre Condiciones Penitenciarias en Rumania, 1965. (c) AI

Carátula del informe sobre Condiciones Penitenciarias en Portugal, 1965. (c) AI

Carátula del informe sobre Condiciones Penitenciarias en Sudáfrica, 1995. (c) AI

 

 

 

 

 

 

 

 

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Una infatigable campaña mundial de solidaridad liderada por AI logró que Tailandia liberara al preso de conciencia camboyano Sok Yoeun.

La historia de Amnistía Internacional como una “organización de personas que trabajan por personas” está llena de pequeños-grandes éxitos. Tantos, al menos, como los presos de conciencia que consiguen su libertad gracias a las campañas mundiales de solidaridad promovidas por sus tres millones de miembros, simpatizantes y activistas en más de 150 países y territorios.

Sok Yoeun a su llegada a Finlandia, el 27 de febrero de 2004

Sok Yoeun a su llegada a Finlandia, el 27 de febrero de 2004, un día después de haber sido puesto en libertad de la prisión de Bangkok. © Katja Tähjä

El camboyano Sok Yoeun puede dar testimonio de ello. Y así lo hizo el 27 de febrero de 2004 a su llegada a Helsinki para reunirse con su familia tras pasar cinco años encarcelado en Tailandia pese a tener reconocido el estatuto de refugiado: “Me han salvado de los estertores de la muerte, nunca olvidaré este día. Ahora tengo dos patrias, Finlandia es mi nuevo hogar “.

Repetiría su emocionado agradecimiento un mes más tarde en la Asamblea General Anual de la Sección Finlandesa de Amnistía Internacional, donde mostró su “más profunda gratitud a AI por sus constantes esfuerzos para sacarme de prisión”, y su “respeto y máxima consideración a todos sus colaboradores” empeñados en la difícil tarea de ayudar a los demás.

Cierto. Las incansables iniciativas por su libertad incluyeron acciones urgentes, envíos de cartas, campañas publicitarias y presiones sobre gobiernos. El propio Sok Yoeun recibió miles de postales de solidaridad que le ayudaron a mantener el ánimo en prisión. AI-Tailandia coordinó una campaña de postales de protesta a las autoridades del país en la que participaron secciones nacionales de todo el mundo y otras organizaciones no gubernamentales. Y AI-Finlandia asumió un protagonismo especial para acompañar los esfuerzos por su liberación de otros para que pudiera instalarse en ese país nórdico junto a algunos familiares que ya lo habían hecho con el estatuto protector del ACNUR, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.

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