Pese al desdén oficial, familiares y ONG han conseguido localizar a la mitad de los 700 menores 'desaparecidos' durante el conflicto armado 1980-1991
El reciente Día Internacional de los Desaparecidos (30 de agosto) desparrama su eco sobre uno de los grandes dramas del conflicto armado que desangró a El Salvador entre 1980 y 1991: la ‘desaparición’ de más de 700 niñas y niños. Una tragedia agravada por la desidia y el desdén de las autoridades, que, como ha denunciado repetidamente Amnistía Internacional, no solo han incumplido su obligación de investigar los hechos y perseguir a sus responsables, sino que ni siquiera han apoyado los esfuerzos de búsqueda de familiares y organizaciones no gubernamentales, que pese a ello han conseguido localizar a la mitad de esos menores.
En julio de 2003, el informe de AI “El Salvador. ¿Dónde están las niñas y los niños desaparecidos?” centraba la cuestión como “parte de sus continuos esfuerzos para poner fin a la impunidad por las pasadas violaciones de derechos humanos” y “para apoyar los esfuerzos de quienes se empeñan en encontrar a las niñas y niños desaparecidos” durante el conflicto armado. Este, calificado de “uno de los periodos más oscuros de la historia” de ese país centroamericano, dejó “75.000 víctimas de violaciones de derechos humanos” –incluidas ejecuciones extrajudiciales, homicidios ilegítimos, desapariciones y torturas–, en su “mayoría cometidas por las fuerzas armadas y los ‘escuadrones de la muerte’ y, en muy menor proporción, por el grupo de oposición armada, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN)”.

